Rocha Moya y el gigante insaciable
- Mariano A. Moreno

- hace 17 horas
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I
Arriba de nosotros vive un gigante, un gigante que vigila todas las tierras y las cubre con su sombra. El gigante no se conforma con resguardar su parcela, tan grande y próspera como él. Nada está lejos de su alcance; una noche vio la luna y con un salto llegó hasta ella. El gigante ayuda a los demás siempre y cuando convenga a sus intereses. Si lo que busca es destruir, pisoteará la tierra ajena sin que nadie pueda detenerlo. El gigante hace lo que quiere y cree que su palabra es la ley porque nadie más tiene su tamaño y su fuerza. Si tiene sed, beberá un río. Si está aburrido, inventará una guerra. El gigante piensa que el mundo es suyo y demanda sacrificios a su antojo, sean culpables o inocentes. Nadie está a salvo. Si el gigante quiere comerte, te buscará, te perseguirá día y noche por los confines del mundo, y cuando creas que se ha olvidado de ti, que se distrajo con alguien más, te atrapará, te llevará a su cueva.
II
Rubén Rocha Moya, quien todavía es gobernador de Sinaloa, ya no solamente está en la mira de los narcotraficantes que traicionó. Estados Unidos le ha dejado al gobierno mexicano un plato vacío, para que se lo devuelva con la cabeza del gobernador.
Recordemos quién es Rubén Rocha Moya. Según Ismael El Mayo Zambada, su libertad de medio siglo se rompió cuando aceptó reunirse con el gobernador Rocha y con el diputado Héctor Nemesio Cuén para mediar entre férreos enemigos la sucesión rectoral de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Zambada llegó al encuentro con la certeza de que esa noche dormiría en la cama de uno de sus tantos refugios. Acostumbrado a reunirse con el poder político, el viejo capo no olió que aquello era una trampa. En el rancho ubicado en las afueras de Culiacán no apareció el gobernador de Sinaloa, sino un hijo de Joaquín El Chapo Guzmán.
Cada quién está en su derecho de creer o no las palabras de un narcotraficante, pero según lo escrito por Zambada en una carta, en esa misma emboscada fue asesinado Héctor Melesio Cuén: “Lo mataron a la misma hora y en el mismo lugar donde me secuestraron a mí”. Los escoltas también desaparecieron para siempre, y El Mayo, otrora capo di tutti capi, fue forzado por Joaquín Guzmán López a subir a la avioneta que lo llevaría a El Paso, Texas; a la pista en donde decenas de agentes federales aguardaban su llegada, y que después negarían cualquier participación en el acto de magia que de repente arrojó en suelo estadounidense al narcotraficante más buscado.
Ese día comenzó la guerra entre las facciones del cártel de Sinaloa. Y mientras El Mayo era secuestado y Melesio Cuén asesinado, el gobernador volaba a Estados Unidos en el avión privado de un empresario para vacacionar con su familia. Conveniente coartada que le permitió afirmar que él no participó en ninguna reunión ni estuvo en ningún rancho, y que ni siquiera estuvo en México.
Rocha Moya negó cualquier nexo con la captura de Ismael Zambada, pero la fiscalía de Sinaloa, bajo su mando, elaboró un montaje para encubrir el asesinato del enemigo político del gobernador, afirmando que había muerto en una gasolinera tras un intento de asalto. Fue la Fiscalía General de la República la que desacreditó el engaño, la que dio veracidad al testimonio de El Mayo, la que prometió cárcel a los responsables de la treta, y la que dejó en paz al gobernador después de la renuncia de su fiscal.
Lejos de investigarse, el gobernador Rocha recibió gracia por parte de sus correligionarios. El entonces presidente Obrador le refrendó su confianza, la presidenta Sheinbaum lo respaldó en público, los legisladores de su partido presumían su amistad y le exaltaban que no está solo. Para ellos, Rocha Moya era víctima de calumnias. Cualquier reclamo de remover al gobernador, decían, escondía en realidad un plan para desestabilizar al desestabilizado estado de Sinaloa.
III
Para Morena, Rubén Rocha Moya es un pan muy duro de masticar. Desde hace meses se ha dicho que el gobernador es un lastre y su apoyo incondicional un disparo al pie del propio gobierno. La inacción contra Rocha Moya y otros impresentables ha sido aprovechada por Estados Unidos para poner a Claudia Sheinbaum en la encrucijada más difícil: sacrificar a Rocha Moya para apaciguar al gigante insaciable, o exonerarlo de inmediato en aras de la soberanía y la no intervención.
Si se entrega a Rocha Moya, nada impedirá que el gigante se conforme con ese gobernador y no quiera más y más. Si se le arropa en el manto sagrado de la transformación, el gigante acusará más nombres, quedará más hambriento, y quizás hasta venga en persona por ellos.
Los defensores de Rocha Moya alegan que Estados Unidos no debe tener injerencia en los asuntos que conciernen a México. Si el gobernador es cómplice de grupos criminales, dicen, que sea México quién lo juzgue porque así se defiende a la soberanía nacional. Por experiencia, preocupa que se invoque soberanía para que ninguna prueba contra Rocha Moya valga. Lejos del dualismo imperante que solo alcanza a ver a un agresor y a un mártir, o a un superhéroe contra un villano, en esta historia convive una potencia extranjera que por supuesto interviene en México con fines políticos, con un gobernador desprestigiado y con fuertes sospechas de participar en el narcotráfico y en el asesinato de un rival. Lo uno no absuelve lo otro.
A pesar de sus buenas intenciones, que realmente considero genuinas, creo que la cara más reprochable del morenismo es el cobijo incondicional a sus corruptos, la tolerancia de manzanas podridas y la justificación de escándalos y excesos con tal de no darle la razón a sus adversarios; el creer que una alta aprobación, una causa y el mantra de no somos iguales permitían no castigar a los suyos.
No pasará nada, ha dicho el gobernador. “Este ataque no es únicamente a mi persona, sino al movimiento de la Cuarta Transformación, a sus emblemáticos liderazgos”. Rubén Rocha Moya demostró que no cualquiera que contara con la bendición de López Obrador era apto para gobernar. Para muestra, su estado en guerra.
Pero si se imponen aranceles a los productos chinos por presiones del gigante; si se cancela el envío de petróleo a Cuba por presiones del gigante; si se le ordena a la Guardia Nacional perseguir y detener migrantes por presiones del gigante; si se desampara a los indocumentados que el gigante persigue en su territorio; si se le envían criminales sanguinarios que mediante acuerdos pueden salir libres; si ante cualquier exigencia se busca complacerlo, ¿por qué el gigante no habría de devorar al más cuestionado de los gobernadores mexicanos?


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